El hombro, esa articulación de articulaciones, ese complejo a veces tan complejo, valga la redundancia. Comencemos por el principio: la valoración funcional. Lo primero que deberemos hacer es observar cómo se comporta en movimientos globales, entender cómo incide en la gestión de fuerzas el hombro de manera global, comprender cómo la parte proximal y sobretodo la parte distal puede afectar en las alteraciones que nos podemos encontrar en los movimientos que involucran este complejo.

Para verlo mejor en un ejemplo, pensemos en una limitación en la dorsiflexión del tobillo derecho al hacer un Hang Squat Snatch estando su dolor en el hombro derecho. Esta limitación en el tobillo nos exigiría un desplazamiento de la carga hacia la izquierda que consecuentemente nos conduciría a una rotación de la pelvis y el tronco, lo que nos afectaría a la hora de estabilizar la barra por encima de la cabeza, demandando más protagonismo al trapecio e incluso cerrando más el espacio subacromial… y toda esta información la obtenemos simplemente observando el gesto, y ya hemos obtenido muchísimo jugo para entender por qué le duele ese hombro bajo carga.

Dentro de nuestra metodología, después pasaríamos a realizar tests analíticos, y muy importante, ¡descartar banderas rojas! Esos signos y síntomas que nos pueden estar encubriendo una patología grave y por lo tanto deberemos derivar para descartar. Una vez descartadas, observaríamos movimientos más analíticos, por ejemplo, ¿cómo se comporta la escápula con una simple flexión de hombro? Es importantísimo comprender qué papel juega la escápula, entender que el hombro es un complejo compuesto por grandes movilizadores y estabilizadores trabajando conjuntamente para optimizar el movimiento, y la debilidad de una sola estructura puede derrumbarlo todo.

La escápula juega un papel clave en la estabilización dinámica, si no estabilizamos proximalmente, ¿conseguiremos proyectar eficientemente movimiento distalmente en diferentes rangos y planos? ¿Podemos disparar un cañón desde una canoa? Es importante conocer cómo funcionan las sinergias musculares para optimizar el movimiento. En general, nos encontramos con una gran actividad de los movilizados respecto a los estabilizadores, ¿por qué? ¿Somos capaces de reconocer nuestros estabilizadores?

Sin ese trabajo previo de concienciación le estamos quitando a un edificio un pilar, con grandes opciones de que acabe derrumbándose. El serrato anterior, las fibras medias e inferiores del trapecio son grandes protagonistas en la estabilización, grandes olvidados, que deberían trabajar sinérgicamente con los movilizadores como trapecio superior y deltoides para estabilizar la escápula a medida que elevamos el brazo, por ejemplo. ¿Pero somos capaces de activar voluntariamente esta musculatura? ¿Existe lo que no conocemos?

Como vemos, hemos generado un sistema de evaluación que va desde el patrón de movimiento hasta la estructura, de esa manera, los errores que se puedan cometer en la valoración se reducen y nos permite detectar cuál es la limitación existente.

Es crucial evaluar toda la cadena cinética que involucra el hombro, esto nos da pie a abrir nuestra mentalidad y a que una fuerza que se genera desde el pie, donde la extensión de la cadera va a seguir produciendo la fuerza transmitiendo a través del CORE y llegando al hombro para transmitirla a través del brazo a la mano, será el objetivo a tener en cuenta para disminuir el porcentaje de riesgo de lesión y optimizar el movimiento.

Debemos tener claro que las bases del movimiento humano parten desde una perspectiva neural, donde nuestro cuerpo tiene que aprender, o re-aprender, a mover ciertas estructuras de forma óptima. La neurofisiología lo deja claro, cuando una articulación tiene poca capacidad de moverse (pocas opciones de movimiento), el Sistema Nervioso Central la deja en “Standby” (la fija en los ángulos que reconoce), es decir, recibe menos estímulo neural, por lo cual, su capacidad a nivel control y estabilidad se verán reducidas. Es por eso que el trabajo de movilidad analítico (camilla/fisioterapeuta) y resistencias manuales (fisioterapeuta/coach) formarán parte de la primera fase antes de enfrentarnos a un hombro.

La construcción de un hombro seguro cuando hablamos de entrenamiento de Fuerza se sujeta a varios pilares:

  1. Conocimiento del hombro de una persona, cómo se mueve en un entorno realizando las tareas que le demanda su día a día (80% de nuestro trabajo)
  2. Qué tareas específicas tiene que hacer esa persona todos los días o qué le demanda su deporte (20%). Una vez entendemos estos dos puntos tenemos el punto de partida.

Con todo esto, nos aseguramos de crear una base sólida en el complejo del hombro, añadiendo variabilidad (hacemos al hombro fuerte y le damos opciones de movimiento) y estímulos a nivel central indispensable para trasmitir las fuerzas al hemisferio superior.

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